Por alguna extraña razón tenía asociado el perdón a conceptos religiosos un tanto obsoletos y sin mucho poder. ¿Qué tanta diferencia hacía si yo perdonaba a alguien o no, si nada realmente cambiaba en el mundo? Bueno, con esto logre convertirme en un espectacular esclavo de todos aquellos que no había perdonado. Al fin de cuentas, perdonar habla de mi, de cómo yo soy y no habla de la persona que cometió la falta. Al no perdonar, me mantenía atado a todas las personas que no había perdonado, y me estaba pudriendo en mi propio resentimiento. Es difícil reír desde el resentimiento, es difícil disfrutar al resto de las personas desde el resentimiento y es muy fácil estar enojado y culpar al resto por cualquier cosa. Creo que además me dejaba centrado en el pasado, en lo que había perdido, en los daños sufridos, impidiendo ver las posibilidades futuras o el mismo presente. Si me entreno en estar constantemente enfocado en las perdidas me puedo perder la vida entera, y para mi, esa sería la peor perdida de todas. Si, hay gente que comete daños enormes a otros y nada los exime de hacerse cargo de sus actos, al igual que cuando yo me equivoco. También sucede que me enojo por cosas que otras personas no son capaces de ver y que a mi me generan daño. “es que debería darse cuenta”. Bueno, como no es culpa del resto no contar con una bola de cristal ni tener poderes adivinatorios, los perdono también y por último, me perdono a mi mismo por esperar que todo gire en torno a mi, por mi ceguera y mi egoísmo....me perdono también. Con todo esto, he roto algunas cadenas que me estaban coartando mi libertad, y todo por algo que parecía tan inútil como el perdón. Hecho de una manera fácil, silenciosa, en privado y que solamente depende de mi.
"La libertad está en ser dueños de la propia vida." Platón.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario